viernes, 6 de septiembre de 2013

Tus ojos en las hojas de tus alas.

A veces me da por pensarte lejos, por convencerme de que nunca volveré a escuchar tu voz, ni sabré
más cómo son tus letras.
A veces me da por olvidarme de ti. Por creer que fuiste uno de esos pájaros que como llegan y se
quedan al pie de la ventana, tan por azar, tan de casualidad, tan quedos, se van.
A veces me da por llenar el lugar que ocupas, con cualquier cosa. Conversaciones triviales, sonrisas
fingidas, suéteres con sol.
A veces me da por quedarme de pie, sin querer cruzar esa línea que acaso me lleva contigo.
A veces me da por hacerme historias parecidas a la nuestra, con otras personas.

Pero todo da igual. No importa cuánto lo intente, ni cuántas ganas ponga en ello si por las noches,
cuando ya estoy dormida y entro en el sueño, me encuentro frente a mí tus ojos en las hojas de tus
alas.

Vuelves a ser huracán, mirada y voz, el punto de partida y el punto final; el camino que puedo
seguir sin sentir nostalgia.
Cualquier cosa que no lleve tu nombre se vuelve mundana, indigna de cualquier persona.
El nido de tus piernas se convierte en ese lugar donde mejor se está.
Y el recuerdo de una espalda en la alfombra, vuelve a gemir.

Hoy, como siempre, es tarde para todo.
Para decirte lo que nunca te diré de frente, o para escribir una carta que nunca entregaré.
Hoy como siempre, es tarde para todo.
Para fingir que no dueles.
Para exigir de vuelta mis te quiero.
Hoy, como siempre, es tarde.

Igual eres mi pájaro al fin y al cabo, y has anidado para siempre entre mis manos.