domingo, 21 de agosto de 2011

En el agua.


Estoy concentrada en mi respiración. No pienso en otra cosa, no puedo pensar en algo más. Inhala...exhala...inhala, Ana, ¡Inhala! ¡Exhala!
La luna. Te juro que se mueve, mira cómo tiembla, ¡Se está moviendo!... Hace un momento estaba aquí y ahora está allá... Loreto, ¿Cómo es que podemos verla? Debe ser muy grande, enorme, seguramente ¡Imagina entonces el tamaño de la tierra!
 Casi toco las nubes, ¿Cómo dice mi mamá que se ve el cielo? No me acuerdo, pero como dice ella se ve; me gusta más la noche, su misticidad infinita me llena, sus ruidos y el viento nocturno son diferentes. Me encanta. ¡"Aborregado"! El cielo se ve aborregado...
La luna. Casi la toco, casi me toca. El conejo en la luna. Y es grande. Y pesada. Y brillante. Y mágica. Y mágica. Y me encanta, Loreto, me encantas tú.

Tener ganas de escribir todo.
De escribir nada.
De volver a sentir.
De practicar. Jorge Trejo dice que practique. Y no lo hago.
Es eso, lo necesito.
Y cuando es mucho, lo hago.
Tener ganas de escribir todo y nada también.

¡Avanza más rápido!


Mover a prisa los engranes. Quiero ganar pero me quedo atrás a propósito. El agua llegó, estoy mojada* Pretendo estar preocupada, pero la verdad es que disfruto esa sensación en mis nalgas. El sol hoy puso de su parte. Sí se dicen nalgas, ¿no? Un día escuché una discusión sobre esto «Pues sí, por eso las nalgadas. Lo siento, pero su nombre es nalgas, así, sin más ni más» supongo que son nalgas, entonces. Son risas inaudibles, caras (des)conocidas, memorias imborrables. Me doy cuenta que te extraño; más de quince años extrañándote. Quizá de ahí mi extrañeza actual. Son sólo quince minutos y ya quiero que termine. Intento sacar el ag... ¡Espera! tengo una ampolla en el dedo medio, ocho minutos apenas y ya tengo una ampolla. No le presto atención, pero sé que está ahí; intento sacar el agua y ahora sí, imposible. Mover a prisa los engranes. Quiero ganar pero me quedo atrás sin querer; la ampolla protagoniza mi situación actual.
Supuse lo menos inteligente. Hago que se vaya. Duele. Duele mucho. ¡Que duele, carajo! Todo por querer avanzar más rápido. ¡De verdad duele! No puedo poner cara de dolor. Mis ideas extrañas y yo, ¿Cómo coños es una cara de dolor? Es un dolor extraño, un dolor del que estaba consciente. Yo quería avanzar más rápido, ¿No? Ahora me aguanto, eso me pasa por querer tener todo. Pero ni quería avanzar tanto, sólo quería tomar ventaja. ¡Duele! Y sí, ya pasaron dos años, no duele igual que al principio. Me ponen alcohol. ¡Duele muchísimo más! Graciosa situación. Extraño lo que nunca tuve, sigo extrañando lo que no me extraña.

¡Avanza más rápido! Todos queremos llegar al final.

Primeros pensamientos.


Esto lo escribí el 1 de junio. 
Sí. Aparentemente, hoy es mi cumpleaños número 17. Y por alguna extraña razón, lo había esperado con muchas ansias. No sé si fue la cuenta regresiva que hice pero me siento en verdad muy, muy bien.
Me siento también muy decepcionada de mí misma porque sé que lo único que espero es un comentario de él. Wow… soy asombrosa; pero es verdad. Es lo único que espero, que escriba en mi muro de facebook. Ayer, después de mucho tiempo, le hablé y nuestra conversación fue breve, sosa y aburrida, tengo que aceptarlo: LA CULPA QUE SIENTO es inmensa, ¿Por qué la siento? es lo que más deseo saber. El sentimiento que me da saber que quizá pase mucho tiempo para que lo vuelva a ver, es horrible. Pero es más feo saber que lo más probable es que las conversaciones que tuvimos estos últimos meses, JAMÁS vuelvan a suceder.
Creo que ni siquiera me siento tan feliz como debería, pero hay que aparentar que sí.

La peur.


¿Cuándo se sabe que se está haciendo lo correcto? Algunos dicen que se siente. Tengo un recuerdo iuy vago de ese sentimiento, si es que existe.
No siento que esté haciendo lo correcto, pero tampoco siento que lo que estoy haciendo sea lo incorrecto. Sé que lo que ahora hago, lo que pienso, lo que siento es lo que quiero hacer. Lo que quiero sentir. Y también sé perfectamente que las consecuencias de esto, tendré que aceptarlas. Lo sé y no me molesta. Me da miedo el engaño que mi propio yo pueda cometer. Es esa tremenda inseguridad que tengo la que no me permite darme cuenta.
Mi madre insiste en que soy una persona muy segura, que sigo siendo esa niña de dos años que en las sesiones de estimulación temprana sobresalía del  resto por las volteretas que daba, por esa sonrisa que mi rostro proyectaba. No mamá, no soy así. Tengo diecisiete años y más miedo que muchos. Miedo de encontrarme y querer perderme en las inmensidades de mi mente. Miedo de la gente; la gente me aterra. Miedo del "soy más fuerte que tú" porque sí, soy muy insegura. Quizá es por eso que mi madre sigue creyendo que tengo dos años y que sigo siendo la misma niña de la sonrisa imborrable de hace quince porque bueno, a esa edad, nadie intenta ser mejor que tú, ni todos los días haces todo por sobresalir en algo por el simple hecho de sentirte bien contigo misma, quizá es por eso; mis inseguridades actuales se basan en lo que pienso y mis pensamientos no son visibles si voy caminando por la calle. Es la mente y el corazón combiandos. Y es el arma más letal. Y duele. Y hiere. Y mata.

De patrocinios irónicos.


Tomar café en una taza patrocinada por una marca de café.
Tener una risa inaudible patrocinada por la soledad.
Habitar un lugar inexistente patrocinado por mi no tan linda realidad.
Callar. Patrocinado por la sociedad en la que vivo.
Vivir oculta patrocinado por las opiniones de la gente.

Dicen que con azúcar no hay gastritis.


Mis ojos se ven como -secretamente- siempre quise que se vieran: caídos, lentos, con una sombra oscura abajo, cansados. ¿Por qué? No lo sé. Quizá para aparentar la fatiga inexistente de una niña de catorce años.
Ya casi las tres de la mañana y yo sigo perdiendo el tiempo... justo como los últimos diecisiete años de mi vida; teniendo grandes aspiraciones, emocionándome por pequeñas y aparentemente insignificantes cosas de la vida y queriendo descubrir nuevos mundos. Justo así.
Lo que nunca: tomé una taza de café. Simplemente fue el antojo... espero. El problema es que esa misma taza, la combiné con más de la mitad de una botella de bebida energética, agua natural, goma de mascar, el libro de Brenda Lozano y un montón de palabras dentro. Jorge Trejo dice que "un montón" es una frase floja, como "multicolor", que no dice nada. A mí me parece que algunas veces "un montón" describe perfectamente algo; como las palabras o los sueños que tantas veces atacan las mentes de los más débiles, como yo, por ejemplo.
Quiero sacar tanto que estoy destinada a la terrible mezcla de temas. Soy un desastre. Es lo único que todos sabemos.
-Claro que sí, señor. Sería osado decirle que no lo hice con esa intención… osado y falso pues lo hice con la más pura intención de volverme un objeto sexual.
-¡Callen a esta señorita, por favor! -dijo la vieja del sombrero.
Y Loreto continuó -Que la gente cuando me viera caminando, quisiera pegarme contra la pared, tomarme del cabello y cogerme. ¡Cogerme hasta que se quedara marcado en mi corazón! ¡Un objeto sexual! ¡Nada más que eso! ¡Que los hombres y mujeres por igual, me vean como tal!
-¡Ahí está! No veo entonces el motivo de esta discusión; la fotografía se va de las paredes de la ciudad y usted, se va directo a la cárcel. -dijo el policía.
-No señor, eso sí no. -replicó Loreto con voz firme y viéndolo a los ojos -No porque la fotografía en sí, es mero arte. ¿Acaso ve que estoy mostrando mis pechos? ¿Acaso ve en mi frente un etiqueta con la leyenda: “Hola soy Loreto Lousseau, cógeme” No.
(...)


Bloqueos


Aparentemente, mi mente intenta bloquear cualquier sentimiento que implique una memoria. Porque, recuerdo cómo y cuándo pasó cada cosa, pero por muy triste o emocionante que haya sido, siento nada. No me provoca risa, ni excitación o llanto… simplemente nada. Lo malo es que cuando me torturo recordando siempre la misma cosa durante un tiempo prolongado, se junta todo lo que implicó ese momento, y el resultado no es bueno.
Hoy exploté. Cuando pregunto al aire una y otra vez ¿Por qué? es la peor forma de tortura, porque me parezca o no, no hay una respuesta a ello. Nadie sabe el por qué de que las cosas hayan ocurrido en ese orden y de esa forma tan estúpida. Me gustaría saberlo, sí, pero no puedo forzar las cosas, ni sentirme tan mierda cuando intento encontrar las respuestas; sé que no puedo, pero es inevitable.
Aparentemente, mi mente intenta bloquear el pasado, y casi lo logra, excepto que siempre, termina fallando.
Anda que te lleva el viento. Cuídate. Yo aquí te espero. Un beso. El camino. Pensamientos ocultos. Deseos. Calor. Tiene calor. Ideas de culpa. Papeles y presiones. Timbres. Y al final, un vino de mesa. Una casa nueva. Vestidos cortos. Cabellos largos. Labios rojos. Pestañas postizas. Placeres sucios. Cigarros. Alcohol barato. Pasiones secretas. Más pasión, ¡pasión! ¡PASIÓN!. La conciencia. Lo que no se consumó. Paga y se va. Los olores ajenos. Las palabras ajenas. El amante ajeno. Una cama medio vacía. La terrible noche. La taza de té incómoda. Un beso falso. Una despedida fingida. Y todo de nuevo; anda que te lleva el viento. Cuídate. Yo aquí te espero.

De las mujeres guapas.


Cuando una persona ve algo visualmente agradable lo describe con palabras (la mayoría de las veces) empalagosas: una flor puede estar linda pero apuesto que un arreglo floral es bello. Un peinado para alguna fiesta de gala puede estar bonito pero el cabello de alguien es hermoso. Así, con todo. En las mujeres encuentro dos categorías relevantes. 
Me sé apta para diferenciar la belleza, hermosura, lindura de las mujeres. Pero cuando una mujer es guapa, no tiene punto de comparación con ningún otro adjetivo empalagoso.
La palabra “guapa” no es empalagosa, cursi, mediocre, hipócrita ni débil; no está inundada de miedo ni inseguridades, al contrario, es fuerte, directa, grande, y verdadera. Una mujer es bonita cuando tiene una cara de porcelana, pero una mujer guapa es aquella que además de la cara de porcelana, sus rasgos físicos salen de lo común. Las mujeres bonitas, son comunes, como ellas hay miles: el cuerpo que todas quieren tener, un cabello perfecto, ojos claros, nariz afilada, boca chiquita, manos suaves. Las mujeres guapas, al contrario, se diferencian porque además de poseer todas o algunas de las características de las mujeres bonitas, llevan una mujer fuerte y poderosa en su interior. Lo juro, se nota eso a kilómetros. Es una belleza fuera de lo común.
Mi teoría la confirmé el día en el que le pregunté a mi papá que opinaba sobre María, su novia y me contestó que María es una mujer muy bonita y minutos más tarde, le pregunté qué tenía que decir al respecto sobre mi madre, a lo que me contestó: “Tu mamá… tu mamá es guapa”.

Díganle que no quiero escribir.


Que tengo las ideas atascadas en la punta de mi lengua. Que tengo las palabras en mi mente. Que tropiezo todo el tiempo con mis pensamientos. Que mis manos ya no pueden sostener el peso de las tildes.

Sólo letras. Díganle que ya no quiero escribir.

Lugares.


El trabajo es cada vez más, sabe que va a llegar el punto en el que simplemente explotará y no habrá nada que hacer para remediarlo. En el carro lleva la mirada perdida, la radio está encendida pero la música le es inaudible,  pareciera que conforme avanzan los días, avanza el desorden que protagonizan los autos de la ciudad. Sus ojos van clavados en el asfalto y sus manos pegadas al volante, su mente está en algún lugar lejano a su cuerpo, algunas veces se queda en el cubículo del corporativo en el que trabaja.  Llueve. Llueve de una forma dolorosa, es una de esas lluvias que apagan a la gente, de esas que opacan los sonidos bellos que, a decir verdad, pocas veces se escuchan.
Logra llegar a casa y cuando baja del auto; abre la puerta principal de su casa y hace todo de forma habitual, deja sus pertenencias en el suelo y el saco en el perchero. Sube rápidamente hasta la recámara a tomar un baño antes de coger un resfriado. No se ha percatado de la presencia de María que lo esperaba ansiosa en la cocina con la cena preparada, Habrá tenido un día difícil piensa ella.
Puede percibir un olor distinto, el color de las paredes le parece más claro, se siente diferente. Y cae en cuenta que no ha visto a su esposa. Baja corriendo las escaleras y con una mirada sabe que hizo mal, pero también sabe que un beso en la frente de ella lo remediará todo. Se siente en casa al fin, se siente parte de una pequeña comunidad de dos personas.

Los inicios me gustan.


Los que te abren nuevas puertas. Los que hacen que cambie la forma en la que ves una situación. Esos inicios que llenan de paz.
El nuevo propósito son sólo las letras y nada más. Algo que explique de una forma más económica que el psiquiatra mi sentir, mirar, vivir diario. Algo que me dé gusto leer cuando grande y algo que me haga sentir en mi propio hogar cuando lo lea.
Los inicios son buenos para el alma.