martes, 15 de mayo de 2012

¿Yo? ¿Yo?, ¿quién soy yo? "Yo estoy a solas con el latir de mi corazón." ¡Yo, oye, yo! ¿Qué es yo? "Yo, es el solitario y el perdido, siempre en busca de... ¿qué?" ¿De otro yo? ¿Es ésta una respuesta? ¿No? ¿Pero qué entonces? Hay algo más; el yo es el camino desde lo anterior hasta el todo, desde lo más pequeño del ser hasta lo más grande en cada persona.

Ahora busco en mí mismo y veo el yo de mí, la cosa débil sin rumbo que me hace a mí. El yo no es fuerte y necesita dirección, pero no tiene ninguna. Mi yo no es seguro, tiene muchas verdades equivocadas y confusas que conocer. El yo cambia y no lo sabe. El yo conoce muy poca realidad y sí muchos sueños. Lo que ahora soy, es lo que se empleará para construir el ser. Lo que soy no es lo que quiero ser, aunque no estoy seguro qué es esto que yo no quiero.

¿Pero entonces qué es Yo? Mi yo es mi respuesta al todo de cada persona. Es esto que yo tengo que dar al mundo que espera y de aquí emana todo lo que es diferente.

Yo, es crear.

De un poema dramático de Juan D. (17 años)

lunes, 7 de mayo de 2012

Porciones brevísimas de tiempo.

Estoy sentado en el jardín de la casa y descubro un trébol.
Cuando tenía siete años, gastaba mis domingos en el parque buscando tréboles de cuatro hojas. Entonces sabía nada de etimologías:

τρίφυλλον
Trifolium
Tres hojas

Diez años después, me doy cuenta que, etimológicamente, los tréboles de cuatro hojas no existen. Vaya. En los tréboles de cuatro hojas, ponía toda mi fe cuando niño. Eso no sorprende. Lo realmente sorprendente es que recuerdo perfectamente lo que aprendí en ese horrible curso. 

Igual lo arranco y lo guardo en la página veintisiete de mi libro, quizá deba empezar a creer en los tréboles verdaderos.

Veo cómo la línea del sol en el pasto, se recorre. Sé que más tarde, seguir sentado aquí será mala idea. 
Mira que ya ha alcanzado mi brazo. 

Edipo, Edipo, Edipo, Edipo.

Lo he resuelto: las hormigas son molestas. Ésta, sube a mi brazo como si fuese la continuación de su terreno original. 
¿Qué se sentirá ser hormiga?
¿Qué se sentirá ser león?

Mira que han pasado apenas cinco minutos y el sol ha alcanzado ya, la mitad de mi cuerpo.

Literalmente, llené de tinta sus alas. 
Era verde y tenía seis patas. 
La última vez que maté un insecto, marqué antes su camino hacia la muerte en mi libreta. Caminaba y lo encerraba, caminaba y yo lo encerraba; cuando por fin lo aplasté, dibujé una cruz junto a la mancha que dejó en la hoja.
La última vez que maté un insecto, alguien invadió mi privacidad después y empezó a leer lo que escribo ahí; cuando notó todo ese pseudo ritual que hice, aparentemente se ofendió y me dijo que en mi próxima vida seré un insecto. 
Ojalá. Con suerte, seré insecto. 

Llevo media hora acostado en el jardín de la casa. 

Mira que el sol alcanzó todo mi cuerpo. 

miércoles, 2 de mayo de 2012


Cuando me han preguntado cómo eres, volteo, sonrío y con mis manos al aire, te dibujo. O al menos, dibujo lo que percibo de ti.
Y luego, junto mis manos, las llevo a mi barbilla (...esa pose tan melosa que sé, te encanta) y cierro los ojos para imaginarte.
~
Quiero pedacitos de cielo que me hagan sentir bien. Me gustaba el cielo morado, las nubes verdes y el pedacito que me dabas, rojo.
Rojo de fuerza. Rojo protegiendo el negro que alguien pintó en el sueño más bonito de las vidas. Rojo siendo Ana, negro siendo tú. Rojo abrazando. Negro que sólo es.