Algunas noches, pocas, no muchas, pienso en la única imagen que tengo de tu rostro y en la única vez que he oído tu voz. Pienso en el café que aún no bebemos, en las comidas que nos debemos, en nuestros pies caminando por las calles y nuestros sexos compartiendo la luna.
Algunas veces, pocas, no muchas, imagino el sabor de tu boca y cómo deben de lucir tus ojos cuando estás a punto de dormir. Y tu sonrisa. Imagino el olor de tu piel y su textura: suave, seguramente, como las palabras que sueles regalarme.
En algunos sueños, pocos, no muchos, estás tú. Conmigo. Encima de mí. Debajo de mí. Caminando a mi lado. Haciendo tuyo mi cuerpo. Leyéndome veintidós veces, una por cada año que tienes, la misma historia, y así hasta que agotamos este tiempo que no estamos pasando juntas
y me dices que en otras vidas, muchas, no pocas, quieres vivirme a mí.
y me dices que en otras vidas, muchas, no pocas, quieres vivirme a mí.