domingo, 19 de febrero de 2012

De lo que van las duchas en el lago.

(Mira qué encontré.)


Ambas sabíamos que tarde o temprano sucedería. La verdad es que ya me hacía raro que nunca hubiera pasado; ¿cuánto tiempo llevamos juntas? Poco más de tres años, pero oficialmente me reconoció hace apenas cinco o seis meses, cuando se dio cuenta que no estaba sola.
Pero así fue como sucedió. La hipnotizante y hermosa voz del señor Gardel y la muerte, se hicieron presentes en el baño.
Y la gota tomó forma de cara de mujer.
Y las líneas, unos ojos cafés.
Una sonrisa eterna, besos, caricias y más.
Hablaban(mos) de luces y de nada a la vez.
 
Le preguntaron que cómo y cuándo lo había aceptado a lo que ella respondió:
“Un buen día, dejé de tener miedo. El mismo día en el que me conocí, supe que soy diferente. Volteé a ver a mi alrededor y pensé que todos estamos invadidos de una profunda soledad y un enorme temor. Qué va, que me acepten como soy. Cuándo… bueno, eso sí nunca lo voy a responder porque la gente tiene que superar ciertos clichés.”

La volteó a ver y le soltó un beso. “¿Nos ven? Así somos todo el tiempo”
Pero eso sólo pasó en su mente pero tenía los ojos bien abiertos. Cerró la llave y se soltó el cabello, lo movió un poco y cuando la volvió a abrir, el agua estaba hirviendo y volvió a ella ese miedo; se acostó en el piso de la regadera y se tapó los oídos… creyó que con eso, dejaría de escuchar sus pensamientos.
Sonaba “Paula” y mejor se salió. El peso de la toalla enredada en su cabello y del cielo, lastimaron su cabeza.