miércoles, 17 de abril de 2013

Jaguar.


Mi nombre se recrea con tu voz
y a veces siento que viceversa.
Ana   gramas de sonidos.
And   enes ya dormidos.
Debo confesarlo,
no eres el primer viento
que a mi piel ha tocado,
pero eres mucho más:
 un huracán,
de los que despeinan sin arrasar.
Una marca de aliento en la ventana,
y yo, la que hace de todo
para encontrarla por la mañana.
Que como llegó tu mirada,
siempre se va:
lento y callada,
casi sin avisar.
Detente.
Van las flores y candores.
Las violetas de mi cabeza
se encaraman a ti.
Suben al cielo que nos pesa
y se guardan en mi aroma,
que no puedes eludir.
Las violetas de mis dedos,
en cambio,
sólo conocen tus valles y tus montes
para que, sin titubeos,
en mi cuerpo las afrontes.
De las violetas de mi lengua,
mejor no quiero hablar,
porque esconden los secretos
que a nadie quiero dar.
Respira.
Igual no se deja la rima.
Eres mi caos
y también mi orden
Guapa, besaos,
hace que los miedos
y la felicidad, se aborden.
Eres tan roja
que con tus pasos insurges.
Pero mejor ven pronto,
que mucho me urges.
Ya. Prometo terminar.
Pero no sin antes decir
que a estas alturas
no puedo insistir
con lo ya dicho.
Y la verdad,
lo que más me importa
es que nuestros nombres se rehacen
se recrean
se reiteran
se recuestan
se reaman
se vuelven relindos
y se renacen con nuestras voces.
Ana tomías perfectas
And an en líneas rectas.