lunes, 7 de mayo de 2012

Porciones brevísimas de tiempo.

Estoy sentado en el jardín de la casa y descubro un trébol.
Cuando tenía siete años, gastaba mis domingos en el parque buscando tréboles de cuatro hojas. Entonces sabía nada de etimologías:

τρίφυλλον
Trifolium
Tres hojas

Diez años después, me doy cuenta que, etimológicamente, los tréboles de cuatro hojas no existen. Vaya. En los tréboles de cuatro hojas, ponía toda mi fe cuando niño. Eso no sorprende. Lo realmente sorprendente es que recuerdo perfectamente lo que aprendí en ese horrible curso. 

Igual lo arranco y lo guardo en la página veintisiete de mi libro, quizá deba empezar a creer en los tréboles verdaderos.

Veo cómo la línea del sol en el pasto, se recorre. Sé que más tarde, seguir sentado aquí será mala idea. 
Mira que ya ha alcanzado mi brazo. 

Edipo, Edipo, Edipo, Edipo.

Lo he resuelto: las hormigas son molestas. Ésta, sube a mi brazo como si fuese la continuación de su terreno original. 
¿Qué se sentirá ser hormiga?
¿Qué se sentirá ser león?

Mira que han pasado apenas cinco minutos y el sol ha alcanzado ya, la mitad de mi cuerpo.

Literalmente, llené de tinta sus alas. 
Era verde y tenía seis patas. 
La última vez que maté un insecto, marqué antes su camino hacia la muerte en mi libreta. Caminaba y lo encerraba, caminaba y yo lo encerraba; cuando por fin lo aplasté, dibujé una cruz junto a la mancha que dejó en la hoja.
La última vez que maté un insecto, alguien invadió mi privacidad después y empezó a leer lo que escribo ahí; cuando notó todo ese pseudo ritual que hice, aparentemente se ofendió y me dijo que en mi próxima vida seré un insecto. 
Ojalá. Con suerte, seré insecto. 

Llevo media hora acostado en el jardín de la casa. 

Mira que el sol alcanzó todo mi cuerpo.