miércoles, 2 de mayo de 2012
Cuando me han preguntado cómo eres, volteo, sonrío y con mis manos al aire, te dibujo. O al menos, dibujo lo que percibo de ti.
Y luego, junto mis manos, las llevo a mi barbilla (...esa pose tan melosa que sé, te encanta) y cierro los ojos para imaginarte.
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Quiero pedacitos de cielo que me hagan sentir bien. Me gustaba el cielo morado, las nubes verdes y el pedacito que me dabas, rojo.
Rojo de fuerza. Rojo protegiendo el negro que alguien pintó en el sueño más bonito de las vidas. Rojo siendo Ana, negro siendo tú. Rojo abrazando. Negro que sólo es.