martes, 6 de marzo de 2012

Necesitas un hombre en tu vida.

(Yo ya quería escribir de Miguel aquí.  Él es una de esas personas que piensan tener siempre la razón, que se piensan infalibles.)

Que por qué quieres estudiar eso. Piénsalo, tú lo que quieres es salvar al mundo y ayudar a la gente; pero eso no pasa, Ana. Necesitas un hombre en tu vida que te haga ver la realidad porque en tu mundo de mujeres, es todo perfecto. Y sí, para las mujeres todo es perfección. 
Tú no tienes el carácter para pisar a la gente, para abrirte paso entre toda esa bola; eres una persona inocente, noble y demasiado buena onda para entender que a la gente le importa un carajo lo que pienses. Tú crees que con lo que escribes o dices, todos van a cambiar su forma de vida. Pero no. Eres tan débil que  ahorita, con esto que te digo, estás dudando de ti misma, te estoy confundiendo; la gente te confunde con todo lo que dice; primero te dicen algo y te la crees, te cambian la versión, te confundes pero al final sigues creyéndotela. Ni siquiera puedes defender lo que piensas: dices que lo intentas pero no lo logras. 




sábado, 3 de marzo de 2012

viernes, 2 de marzo de 2012

Yo, espiral.

●●●●
Soy yo. Soy yo. Soy yo.
Y me confunden, gente y me confunden.
¿Y cómo es que me puedo dejar confundir? ¿Qué es eso? Se supone que no debería suceder. ¿Cómo es que una persona se puede dejar confundir por otras?
Pero me confunden.
Me siento confundida.
Y mal.
Y mala.
Soy yo. Soy yo la mala persona.
¿Pero es que quién soy yo para hacer sentir mal a alguien?
Y confundida estoy que a veces pienso que en realidad, es ella la mala y que actúa y actúa.
Y mi mente es un espiral.
Me clavo mucho en las cosas, Ana clavada, ClavadAna. Dramática irremediable. Te odio.
Y mi mente es un espiral.
Y cuando menos estoy alerta, siento que ya estoy en lo más profundo de las situaciones más simples del mundo. Ahogada.
Debería dejar de sentirme la causa y el fin de todo. Inconscientemente que a veces ni me doy cuenta que, en lo que pienso, el principio soy yo y al final soy yo contigo. O sola. Mejor sola, que no te quiero hacer daño, persona de cristal; persona de corazón enorme; persona de mirada profunda, de grandes palabras; no quiero hacerte daño, persona, no.
Y mi mente es un espiral.
Un espiral de colores.
Espiral policromático.
Sí.
Y no sé cómo quedarme callada. Entiende que a la mayoría, Ana, no le interesa lo que tienes que decir respecto a las trivialidades que siempre piensas.
¿Por qué la gente debería estar ahí, para ti? ¿Quién eres tú para merecer eso? ¿Quién?
Espiral problemático.
Qué mal. El caos en mi mente. El orden en mi mente.
Un caos más grande y destructivo en mis palabras y la gente.
Es esto un espiral. Un espiral, les digo.

martes, 28 de febrero de 2012

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón.
Hebreos 10:35

(Cariña, Cariña.)

martes, 21 de febrero de 2012

En teoría, esto debería hacernos felices a todos.
--¿Cómo te gustaría morir?
--Viendo el mar.
--¿Así cómo?
--Así, no más. Viendo las olas, sintiendo el rocío; que me abrace fuerte la mar.

domingo, 19 de febrero de 2012

De lo que van las duchas en el lago.

(Mira qué encontré.)


Ambas sabíamos que tarde o temprano sucedería. La verdad es que ya me hacía raro que nunca hubiera pasado; ¿cuánto tiempo llevamos juntas? Poco más de tres años, pero oficialmente me reconoció hace apenas cinco o seis meses, cuando se dio cuenta que no estaba sola.
Pero así fue como sucedió. La hipnotizante y hermosa voz del señor Gardel y la muerte, se hicieron presentes en el baño.
Y la gota tomó forma de cara de mujer.
Y las líneas, unos ojos cafés.
Una sonrisa eterna, besos, caricias y más.
Hablaban(mos) de luces y de nada a la vez.
 
Le preguntaron que cómo y cuándo lo había aceptado a lo que ella respondió:
“Un buen día, dejé de tener miedo. El mismo día en el que me conocí, supe que soy diferente. Volteé a ver a mi alrededor y pensé que todos estamos invadidos de una profunda soledad y un enorme temor. Qué va, que me acepten como soy. Cuándo… bueno, eso sí nunca lo voy a responder porque la gente tiene que superar ciertos clichés.”

La volteó a ver y le soltó un beso. “¿Nos ven? Así somos todo el tiempo”
Pero eso sólo pasó en su mente pero tenía los ojos bien abiertos. Cerró la llave y se soltó el cabello, lo movió un poco y cuando la volvió a abrir, el agua estaba hirviendo y volvió a ella ese miedo; se acostó en el piso de la regadera y se tapó los oídos… creyó que con eso, dejaría de escuchar sus pensamientos.
Sonaba “Paula” y mejor se salió. El peso de la toalla enredada en su cabello y del cielo, lastimaron su cabeza.