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Soy yo. Soy yo. Soy yo.Y me confunden, gente y me confunden.
¿Y cómo es que me puedo dejar confundir? ¿Qué es eso? Se supone que no debería suceder. ¿Cómo es que una persona se puede dejar confundir por otras?
Pero me confunden.
Me siento confundida.
Y mal.
Y mala.
Soy yo. Soy yo la mala persona.
¿Pero es que quién soy yo para hacer sentir mal a alguien?
Y confundida estoy que a veces pienso que en realidad, es ella la mala y que actúa y actúa.
Y mi mente es un espiral.
Me clavo mucho en las cosas, Ana clavada, ClavadAna. Dramática irremediable. Te odio.
Y mi mente es un espiral.
Y cuando menos estoy alerta, siento que ya estoy en lo más profundo de las situaciones más simples del mundo. Ahogada.
Debería dejar de sentirme la causa y el fin de todo. Inconscientemente que a veces ni me doy cuenta que, en lo que pienso, el principio soy yo y al final soy yo contigo. O sola. Mejor sola, que no te quiero hacer daño, persona de cristal; persona de corazón enorme; persona de mirada profunda, de grandes palabras; no quiero hacerte daño, persona, no.
Y mi mente es un espiral.
Un espiral de colores.
Espiral policromático.
Sí.
Y no sé cómo quedarme callada. Entiende que a la mayoría, Ana, no le interesa lo que tienes que decir respecto a las trivialidades que siempre piensas.
¿Por qué la gente debería estar ahí, para ti? ¿Quién eres tú para merecer eso? ¿Quién?
Espiral problemático.
Qué mal. El caos en mi mente. El orden en mi mente.
Un caos más grande y destructivo en mis palabras y la gente.
Es esto un espiral. Un espiral, les digo.