Eludo las situaciones diarias y muero un poco cada día. Dicen que es la manera más fácil de sobrellevar la realidad, ¿No? Eludiendo todo. Te ahorras montones de dolor, horas de sufrimiento y litros de lágrimas; Jorge Trejo dice que “un montón” es una frase floja, Jorge Trejo dice cosas inteligentes y yo nunca le hago caso.
La primera muerte sucede cuando tomas un libro y te hundes en el silencio, te hundes hasta que no puedes respirar de tantas memorias que tienes en la garganta, las echas o ahí quedaste. La segunda muerte, sucede en la regadera; la regadera es un lugar mentalmente mortal, es la más peligrosa de las muertes: el agua cae lentamente sobre los hombros y los pensamientos buenos con ella, sólo se quedan los malos, los que pesan, los que hieren y ésos, son los que provocan la muerte temporal. La tercera, toma lugar en ese intervalo entre estar despierto y el sueño, es prácticamente imposible salir vivo de ese letargo.
Me gusta eludir las situaciones. El problema llega cuando todo se acumula y lo único que quiero es desaparecer y ya no regresar, como hoy, por ejemplo.