No es tan especial como todos creen que es, como ella cree que es, no sabe siquiera que lo cree porque está convencida o lo cree porque es lo que le conviene, no lo sabe pero tampoco está dispuesta a averiguarlo. Las relaciones sociales no son lo de ella, estar con muchas personas sólo la hace sentir abrumada, llenándola de un hartazgo temible. Tiene miedo porque las palabras no fluyen y ha olvidado cómo escribirlas.
Es la eterna niña de la mirada vacía y el árbol en el cabeza, la que no es interesante ni agradable para alguien, la que constantemente piensa en nudos, tinas de baño y fugas vitales. Está compuesta de nimiedades y tiene el corazón muy gris.
Es la eterna niña de los ojos cafés y el cabello enmarañado, la que pasa desapercibida ante todos, la que constantemente crea historias sobre lo que nunca va a suceder. Está compuesta de insignificancia y de tanto amor a lo que no merece amor, tiene el corazón muy rojo.
Emilia es todo y es nada y en pocas palabras, la estupidez e irrelevancia hechas mujer.