jueves, 22 de marzo de 2012

Mi reino por Eva.

Por supuesto que en mi mente no queda memoria alguna de los dos años y seis meses que jugué sola.
Hoy fue el último día de Elisa siendo hija única, la bebé de la familia, la prima nueva… mañana empezará a jugar uno de los papeles más importantes de su vida: el de hermana mayor.
No puedo imaginar una vida sin Eva, la veo y es difícil pensar qué sería de mí sin ella. Mi infancia, quizá, habría sido tremendamente aburrida; no hubiese podido compartir con alguien mis barbies; el juego de la maestra, hubiese sido algo intrascendente pues, todos sabemos, que los osos de peluche y las muñecas de tela, no dicen “presente” cuando asisten a clases. Veo vídeos de cuando pequeñas y veo también cómo mi hermana hace lo mismo que yo: me subo a bailar a una mesa, ella sube también; canto frente a la cámara, ella balbucea conmigo; saludo, saluda; giro, gira; corro, corre. Su cabello es corto y sus ojos muy grandes, es tan bonita… y pequeña también…
Elisa parece una niña feliz, una niña con amor. No recuerdo cómo fueron mis días siendo la bebé de la familia pero apuesto que se parecieron a los de mi prima. Todos a su cuidado, mimándola, queriéndola.
Supongo que siempre he sido un ejemplo para Eva. Sé que no he sido el mejor, pero de verdad lo intento. No sé si lo hago por convicción propia o porque siempre me dijeron que soy su modelo a seguir. No pretendo que sea como yo, no, qué aburrido si las dos fuésemos como una sola, pero sí que las cosas buenas que pueda aprender de mí, las tome y haga suyas.
¿Qué sentirá mañana Elisa al saber que sus padres deberán, -de alguna forma- dividirse entre ella y Jimena? ¿Qué habré sentido yo cuando caí en cuenta que había ahora una Eva?
Hoy en la mañana pensé en ello y rápidamente conteste “Qué feo”. El subconsciente, dicen…
El otro día me preguntaron por quién daría la vida: por Eva. Por nadie más.
Creo que deberá aprender a compartir sus juguetes, su tiempo, su espacio, la vida entera con su hermana. Tendrá que captar que ya no está sola y que por un buen rato, la nueva bebé se llevará la atención de sus padres. Tendrá que entender que es la hermana mayor y que a partir de ahora, proteger a su hermana es esencial.
No puedo imaginar una vida sin mi compañera simplemente porque no. A pesar de las peleas, de los malos ratos, de todo lo que hemos vivido juntas, la amo como a nadie. Ahora que ambas somos adolescentes y cada una está con sus cosas, podemos platicar más y mejor; aunque muchas de nuestras experiencias no sean similares, entendemos lo que sucede con la otra. Es increíble darme cuenta que somos totalmente diferentes y al mismo tiempo, una sola gota de lluvia. Símil extraño.
Elisa, con un año y tres meses de adad, ¿será conscienpe de lo que significa ser la hermana mayor? Yo, a los dos años y seis meses de edad, ¿era consciente de eso?
Quizá me acostumbré a ser la mayor. Seamos optimistas, no es un trabajo difícil; para mí, ha consistido, básicamente, en cantarle a cuando bebé, cuidarla, enseñarle un poco de sumas y restas, empujarla hacia la orilla de la alberca cuando estuvo por morir ahogada, hacer como que hablábamos en inglés, quitarle el chupón cuantas veces quise, abrazarla y últimamente, mi trabajo consiste en mantener secretos.
Para Elisa y Jimena será una rebanada de pastel.
(Es verdad, a los diecisiete, no tengo la más mínima idea de lo que significa ser la hermana mayor.)