miércoles, 7 de septiembre de 2011

Extrañezas.

Discuto lo inefable. Es, de hecho, mi pasatiempo favorito, la complejidad que representa sostener el argumento de lo que no se puede explicar con palabras, es excitante.
Tengo quince años y aún no sé cuánto te voy a extrañar. Tengo quince años y ni siquiera intuyo tanto amor; no te conozco ni tú a mí, claro. Dentro de las desviaciones mentales de una adolescente de quince años, pensaré que fuimos creados el uno para el otro.


Acto dos. Punto y aparte. Empieza el dolor inexistente.


Amo lo que no puedo amar. Amo al ser que existe pero al mismo tiempo, no, el que dice palabras bonitas y utiliza una pluma fuente. Amo al ser que se sorprende por pequeñas cosas... me tranquiliza saber que al menos, amo al ser. Lo amo.
Tengo dieciséis años años y ¡Hola! ¿Es esto el amor? Espero que sí, de ti. Tengo dieciséis años y vivo extasiada, me haces feliz, persona. 


Fin de la transmisión. Culmina el dolor inexistente que mata. 


Extraño lo inextrañable. Existió y no existió. Estuvo y jamás estuvo. Está y al mismo tiempo, no. Lo extraño y no lo puedo extrañar. Lo catastrófico está cuando llego al punto de extrañarlo y tener junto a mí su recuerdo. Hiere. 


Extraño lo inextrañable y amo lo que no puedo amar. Discutir lo inefable, siempre será inevitable. 

domingo, 21 de agosto de 2011

En el agua.


Estoy concentrada en mi respiración. No pienso en otra cosa, no puedo pensar en algo más. Inhala...exhala...inhala, Ana, ¡Inhala! ¡Exhala!
La luna. Te juro que se mueve, mira cómo tiembla, ¡Se está moviendo!... Hace un momento estaba aquí y ahora está allá... Loreto, ¿Cómo es que podemos verla? Debe ser muy grande, enorme, seguramente ¡Imagina entonces el tamaño de la tierra!
 Casi toco las nubes, ¿Cómo dice mi mamá que se ve el cielo? No me acuerdo, pero como dice ella se ve; me gusta más la noche, su misticidad infinita me llena, sus ruidos y el viento nocturno son diferentes. Me encanta. ¡"Aborregado"! El cielo se ve aborregado...
La luna. Casi la toco, casi me toca. El conejo en la luna. Y es grande. Y pesada. Y brillante. Y mágica. Y mágica. Y me encanta, Loreto, me encantas tú.

Tener ganas de escribir todo.
De escribir nada.
De volver a sentir.
De practicar. Jorge Trejo dice que practique. Y no lo hago.
Es eso, lo necesito.
Y cuando es mucho, lo hago.
Tener ganas de escribir todo y nada también.

¡Avanza más rápido!


Mover a prisa los engranes. Quiero ganar pero me quedo atrás a propósito. El agua llegó, estoy mojada* Pretendo estar preocupada, pero la verdad es que disfruto esa sensación en mis nalgas. El sol hoy puso de su parte. Sí se dicen nalgas, ¿no? Un día escuché una discusión sobre esto «Pues sí, por eso las nalgadas. Lo siento, pero su nombre es nalgas, así, sin más ni más» supongo que son nalgas, entonces. Son risas inaudibles, caras (des)conocidas, memorias imborrables. Me doy cuenta que te extraño; más de quince años extrañándote. Quizá de ahí mi extrañeza actual. Son sólo quince minutos y ya quiero que termine. Intento sacar el ag... ¡Espera! tengo una ampolla en el dedo medio, ocho minutos apenas y ya tengo una ampolla. No le presto atención, pero sé que está ahí; intento sacar el agua y ahora sí, imposible. Mover a prisa los engranes. Quiero ganar pero me quedo atrás sin querer; la ampolla protagoniza mi situación actual.
Supuse lo menos inteligente. Hago que se vaya. Duele. Duele mucho. ¡Que duele, carajo! Todo por querer avanzar más rápido. ¡De verdad duele! No puedo poner cara de dolor. Mis ideas extrañas y yo, ¿Cómo coños es una cara de dolor? Es un dolor extraño, un dolor del que estaba consciente. Yo quería avanzar más rápido, ¿No? Ahora me aguanto, eso me pasa por querer tener todo. Pero ni quería avanzar tanto, sólo quería tomar ventaja. ¡Duele! Y sí, ya pasaron dos años, no duele igual que al principio. Me ponen alcohol. ¡Duele muchísimo más! Graciosa situación. Extraño lo que nunca tuve, sigo extrañando lo que no me extraña.

¡Avanza más rápido! Todos queremos llegar al final.

Primeros pensamientos.


Esto lo escribí el 1 de junio. 
Sí. Aparentemente, hoy es mi cumpleaños número 17. Y por alguna extraña razón, lo había esperado con muchas ansias. No sé si fue la cuenta regresiva que hice pero me siento en verdad muy, muy bien.
Me siento también muy decepcionada de mí misma porque sé que lo único que espero es un comentario de él. Wow… soy asombrosa; pero es verdad. Es lo único que espero, que escriba en mi muro de facebook. Ayer, después de mucho tiempo, le hablé y nuestra conversación fue breve, sosa y aburrida, tengo que aceptarlo: LA CULPA QUE SIENTO es inmensa, ¿Por qué la siento? es lo que más deseo saber. El sentimiento que me da saber que quizá pase mucho tiempo para que lo vuelva a ver, es horrible. Pero es más feo saber que lo más probable es que las conversaciones que tuvimos estos últimos meses, JAMÁS vuelvan a suceder.
Creo que ni siquiera me siento tan feliz como debería, pero hay que aparentar que sí.

La peur.


¿Cuándo se sabe que se está haciendo lo correcto? Algunos dicen que se siente. Tengo un recuerdo iuy vago de ese sentimiento, si es que existe.
No siento que esté haciendo lo correcto, pero tampoco siento que lo que estoy haciendo sea lo incorrecto. Sé que lo que ahora hago, lo que pienso, lo que siento es lo que quiero hacer. Lo que quiero sentir. Y también sé perfectamente que las consecuencias de esto, tendré que aceptarlas. Lo sé y no me molesta. Me da miedo el engaño que mi propio yo pueda cometer. Es esa tremenda inseguridad que tengo la que no me permite darme cuenta.
Mi madre insiste en que soy una persona muy segura, que sigo siendo esa niña de dos años que en las sesiones de estimulación temprana sobresalía del  resto por las volteretas que daba, por esa sonrisa que mi rostro proyectaba. No mamá, no soy así. Tengo diecisiete años y más miedo que muchos. Miedo de encontrarme y querer perderme en las inmensidades de mi mente. Miedo de la gente; la gente me aterra. Miedo del "soy más fuerte que tú" porque sí, soy muy insegura. Quizá es por eso que mi madre sigue creyendo que tengo dos años y que sigo siendo la misma niña de la sonrisa imborrable de hace quince porque bueno, a esa edad, nadie intenta ser mejor que tú, ni todos los días haces todo por sobresalir en algo por el simple hecho de sentirte bien contigo misma, quizá es por eso; mis inseguridades actuales se basan en lo que pienso y mis pensamientos no son visibles si voy caminando por la calle. Es la mente y el corazón combiandos. Y es el arma más letal. Y duele. Y hiere. Y mata.

De patrocinios irónicos.


Tomar café en una taza patrocinada por una marca de café.
Tener una risa inaudible patrocinada por la soledad.
Habitar un lugar inexistente patrocinado por mi no tan linda realidad.
Callar. Patrocinado por la sociedad en la que vivo.
Vivir oculta patrocinado por las opiniones de la gente.