El trabajo es cada vez más, sabe que va a llegar el punto en el que simplemente explotará y no habrá nada que hacer para remediarlo. En el carro lleva la mirada perdida, la radio está encendida pero la música le es inaudible, pareciera que conforme avanzan los días, avanza el desorden que protagonizan los autos de la ciudad. Sus ojos van clavados en el asfalto y sus manos pegadas al volante, su mente está en algún lugar lejano a su cuerpo, algunas veces se queda en el cubículo del corporativo en el que trabaja. Llueve. Llueve de una forma dolorosa, es una de esas lluvias que apagan a la gente, de esas que opacan los sonidos bellos que, a decir verdad, pocas veces se escuchan.
Logra llegar a casa y cuando baja del auto; abre la puerta principal de su casa y hace todo de forma habitual, deja sus pertenencias en el suelo y el saco en el perchero. Sube rápidamente hasta la recámara a tomar un baño antes de coger un resfriado. No se ha percatado de la presencia de María que lo esperaba ansiosa en la cocina con la cena preparada, Habrá tenido un día difícil piensa ella.
Puede percibir un olor distinto, el color de las paredes le parece más claro, se siente diferente. Y cae en cuenta que no ha visto a su esposa. Baja corriendo las escaleras y con una mirada sabe que hizo mal, pero también sabe que un beso en la frente de ella lo remediará todo. Se siente en casa al fin, se siente parte de una pequeña comunidad de dos personas.