domingo, 21 de agosto de 2011

Dicen que con azúcar no hay gastritis.


Mis ojos se ven como -secretamente- siempre quise que se vieran: caídos, lentos, con una sombra oscura abajo, cansados. ¿Por qué? No lo sé. Quizá para aparentar la fatiga inexistente de una niña de catorce años.
Ya casi las tres de la mañana y yo sigo perdiendo el tiempo... justo como los últimos diecisiete años de mi vida; teniendo grandes aspiraciones, emocionándome por pequeñas y aparentemente insignificantes cosas de la vida y queriendo descubrir nuevos mundos. Justo así.
Lo que nunca: tomé una taza de café. Simplemente fue el antojo... espero. El problema es que esa misma taza, la combiné con más de la mitad de una botella de bebida energética, agua natural, goma de mascar, el libro de Brenda Lozano y un montón de palabras dentro. Jorge Trejo dice que "un montón" es una frase floja, como "multicolor", que no dice nada. A mí me parece que algunas veces "un montón" describe perfectamente algo; como las palabras o los sueños que tantas veces atacan las mentes de los más débiles, como yo, por ejemplo.
Quiero sacar tanto que estoy destinada a la terrible mezcla de temas. Soy un desastre. Es lo único que todos sabemos.