domingo, 21 de agosto de 2011

De las mujeres guapas.


Cuando una persona ve algo visualmente agradable lo describe con palabras (la mayoría de las veces) empalagosas: una flor puede estar linda pero apuesto que un arreglo floral es bello. Un peinado para alguna fiesta de gala puede estar bonito pero el cabello de alguien es hermoso. Así, con todo. En las mujeres encuentro dos categorías relevantes. 
Me sé apta para diferenciar la belleza, hermosura, lindura de las mujeres. Pero cuando una mujer es guapa, no tiene punto de comparación con ningún otro adjetivo empalagoso.
La palabra “guapa” no es empalagosa, cursi, mediocre, hipócrita ni débil; no está inundada de miedo ni inseguridades, al contrario, es fuerte, directa, grande, y verdadera. Una mujer es bonita cuando tiene una cara de porcelana, pero una mujer guapa es aquella que además de la cara de porcelana, sus rasgos físicos salen de lo común. Las mujeres bonitas, son comunes, como ellas hay miles: el cuerpo que todas quieren tener, un cabello perfecto, ojos claros, nariz afilada, boca chiquita, manos suaves. Las mujeres guapas, al contrario, se diferencian porque además de poseer todas o algunas de las características de las mujeres bonitas, llevan una mujer fuerte y poderosa en su interior. Lo juro, se nota eso a kilómetros. Es una belleza fuera de lo común.
Mi teoría la confirmé el día en el que le pregunté a mi papá que opinaba sobre María, su novia y me contestó que María es una mujer muy bonita y minutos más tarde, le pregunté qué tenía que decir al respecto sobre mi madre, a lo que me contestó: “Tu mamá… tu mamá es guapa”.